La Cancillería 133 años después

 

Por Manuel Morales Lama

La Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores arribó en este año al l33 aniversario de su creación y esto tiene particular importancia, no sólo porque en ese significativo período, la institución ha sido protagonista (o bien importante testigo) de relevantes acontecimientos históricos de la nación, sino también porque la celebración coincide con una coyuntura internacional que ha redimensionado la función de esta Secretaría de Estado, llegándose a considerar su indispensable manejo conforme a los requerimientos contenporáneos, un factor esencial para el desarrollo nacional.
Un hecho de incuestionable trascendencia, pero tal vez desconocido en su real magnitud, es que la creación de la Secretaría de Relaciones Exteriores tuvo lugar en 1874, o sea 30 años después de proclamada la independencia nacional. No obstante, desde su nacimiento como Estado soberano, la República Dominicana desplegó una intensa actividad diplomática motivada por la apremiante necesidad de obtener el debido reconocimiento como nación libre e independiente. Igualmente, en esos primeros años el país realizó grandes esfuerzos para concluir tratados internacionales (de paz, amistad, comercio y navegación) que le sirvieran de respaldo moral, político y económico, a ese hecho.
La primera Constitución dominicana, promulgada el 18 de noviembre de 1844, creaba en su Art. 109, sólo cuatro Ministros Secretarios de Estado y del Despacho: 1. Justicia e Instrucción Pública; 2. Interior y Policía; 3. Hacienda y Comercio; 4. Guerra y Marina. En cuanto a las relaciones exteriores, “el Presidente de la República las encargará, por ahora, a uno de los cuatro según lo juzgue conveniente”. Así se mantuvo hasta la creación de una Secretaría de Estado independiente en 1874. La Asamblea Constituyente que reformó la Constitución el 24 de marzo de 1874, denominó Secretarías de Estado a los anteriormente llamados Ministerios y estableció en su Art. 64: “Para el despacho de todos los negocios de la administración pública, habrá cinco Secretarios de Estado, a saber: de Relaciones Exteriores; de Interior y Policía; de Justicia e Instrucción Pública; de Hacienda y Comercio; de Guerra y Marina”. Esa reforma fue promulgada el 4 de abril de 1874, es decir, dos días antes de que Ignacio María González se juramentara como Presidente Constitucional. Con él firma Tomás Cocco, entonces Secretario de Estado de Interior y Policía, Encargado de Guerra y Marina y Relaciones Exteriores.
Recuérdese que González ejercía la presidencia, de hecho, desde el 20 de enero de 1874, junto con Manuel Altagracia Cáceres, que se ausentó el 5 de febrero de ese año. A ese Gobierno provisional se le denominaba “Generales Encargados del Poder Supremo de la Nación”. Buenaventura Báez había renunciado frente al Senado Consultor el 2 de enero de 1874, y González, ya en Santo Domingo, convocó la Asamblea de Reforma de la Constitución, que se instaló en la Capital de la República el 20 de febrero del mismo año. Las elecciones para la Presidencia de la nación se habían realizado el 5 de febrero de 1874 y González resultó elegido Presidente Constitucional. Tomó juramento, como precedentemente se dijo, el 6 de abril ante la misma Asamblea Nacional, terminadas las labores de reforma. Cabe resaltar, que el 8 de abril de 1874 ejerce como Primer Secretario de Estado de Relaciones Exteriores, como entidad independiente, Pedro Tomás Garrido. Sin embargo, en un sentido más estricto, varios autores coinciden en destacar que el primer Secretario de Estado de Relaciones Exteriores, luego de unas elecciones libérrimas, fue Angel María Soler y Andújar (1924) durante el Gobierno de Horacio Vásquez.
En el transcurso de 133 años de existencia, la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores ha tenido altibajos en cuanto a su efectividad en la ejecución de la política exterior. Tal como lo expuso el autor, pormenorizadamente, en un trabajo anterior. Si bien es cierto, que durante la denominada “Era de Trujillo”, se concedió una importancia fundamental a las relaciones exteriores del país, hubo sus puntos oscuros como reflejo del tipo de Gobierno que imperó entonces.
En esa época se creó la Escuela Diplomática y Consular de la República Dominicana, que fue la primera en su especie que laboró en América, cuyo “Reglamento de Funcionamiento” se formalizó mediante el Decreto 301 de 1942, pese a haber iniciado este Centro de Estudios su labor docente en 1939. La reapertura formal de esa Institución Académica, conforme a los requerimientos actuales, fue indudablemente, una acertada medida del anterior período de Gobierno del Presidente Leonel Fernández.
Por último, es justo reconocer que hoy la política exterior del Estado Dominicano, en consonancia con las exigencias de este tiempo, tiene un rol de primer orden, lo cual es altamente beneficioso para nuestro país, debido a la transcendental importancia que han adquirido las relaciones internacionales a escala mundial.

            

El Autor es Premio Nacional de Didáctica, Diplomático de Carrera y Actual Embajador  de Republica Dominicana en Brasil
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