La institución consular en el siglo XXI

 


 

Por Manuel Morales Lama - 11/10/2013

En la actualidad, la trascendental importancia que adquieren los intereses económicos en las relaciones internacionales ha elevado al máximo la interdependencia de los estados, debido a la mundialización y regulación internacional del comercio, a las nuevas formas de financiamiento internacional, e incluso a la acción de las grandes empresas transnacionales, entre otros esenciales asuntos. Es de esa forma, sostiene E. Vilariño, como se sitúan los asuntos de carácter económico en el primer plano de la política exterior de los estados.

 

En tal contexto, y por la complejidad e importancia de las cuestiones que al respecto se suscitan, los estados se han visto en la necesidad de confiarle la salvaguarda y promoción de sus intereses en este campo al ejercicio (profesional) de la diplomacia, comenzando por el requerimiento, en las instituciones académicas de las cancillerías, de una consistente y bien planificada formación de sus agentes diplomáticos en esta materia, a fin de garantizar la eficacia de sus acciones.

 

Establecida esta dinámica, las funciones comerciales consulares pasan a ser sólo coadyuvantes con las que deben realizar las embajadas en el área económica. Puede afirmarse que hoy la institución consular tiene su razón de ser, principalmente, como “órgano” para la defensa de los intereses y los nacionales del Estado que envía y para la debida asistencia de estos últimos.

 

Es oportuno recordar que la esencial función de protección que ha constituido uno de los pilares de la institución consular, de acuerdo a los preceptos del Convenio de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, es también una de las obligaciones básicas de la misión diplomática.

 

Hay, entonces, elementos suficientes para afirmar, según coinciden en señalar tratadistas contemporáneos, que en nuestro tiempo puede estarse produciendo un proceso que paulatinamente tiende a llevar a la desaparición de los cónsules “rentados”, o de carrera, y las funciones que éstos desempeñan se están asignando a categorías existentes en el servicio diplomático. Son cada vez más frecuentes los secretarios de primera y segunda clase que tienen a su cargo las funciones consulares, o bien los cónsules y vicecónsules que son acreditados, “por motivos especiales”, como consejeros o terceros secretarios de embajadas, respectivamente, para dotarlos de una inmunidad más amplia. Sin embargo, últimamente, por razones que corresponden a otras consideraciones, los consulados honorarios han proliferado. Igualmente, hay países que asignan las funciones consulares a secciones de sus embajadas, en vez de establecer oficinas consulares, por cuanto, podría considerarse que las antiguas “carreras” consulares y diplomáticas tienden a fusionarse.

 

Pese a ello, es justo reconocer la fundamental importancia que mantienen los consulados ubicados en ciudades distantes de la capital (sede de la embajada), donde residen importantes comunidades de nacionales del Estado acreditante y a través de cuyos puertos existe un significativo intercambio comercial.

 

El hecho de que se estén confiando funciones consulares al personal diplomático debe considerarse como un modo de “optimizar recursos”, más que un “capitis diminutio” de la función consular, o de que pudiera estar en riesgo de desaparecer la institución consular.

 

Retrotrayéndonos a sus orígenes, la institución consular precedió por siglos al establecimiento de las relaciones diplomáticas. Téngase presente que si bien el vocablo cónsul surge de los romanos, fue en el Levante, durante la Edad Media, donde por primera vez se utilizó la denominación de cónsul para designar a un miembro de las comunidades cristianas establecidas allí, escogido por ellos para impartir justicia y para la administración del comercio en el lugar. Viene a ser entonces de este funcionario y del Oriente Próximo, de donde se originó la institución consular con su propio nombre. En el siglo XVI, las naciones orientales dan inicio a la costumbre de cubrir los cargos de cónsules comisionados (“electi”), con nacionales no emigrados, o sea enviados (“missi”) del país que representan, lo que dio una nueva dimensión a la institución (R. Xilotl Ramírez).

 

Como esencial dato histórico debe recordarse que fue en 1963, cuando las relaciones consulares se institucionalizaron a nivel global mediante acuerdo internacional, a través del Convenio de Viena sobre Relaciones Consulares, que estatuye, entre otros fundamentales asuntos, normas sobre el establecimiento de relaciones consulares, la distinción entre cónsules (“rentados”) de carrera o “missi” y los cónsules honorarios o “electi”, su ejercicio, funciones, categorías, circunscripción, privilegios e inmunidades, así como el ejercicio de funciones consulares por misiones diplomáticas.

 

Desde 1963, aparte de las consabidas labores comerciales y de protección, a los cónsules se les reconocen formalmente otras funciones, como son la extensión de pasaportes a los nacionales del Estado que envía “visados” y documentos adecuados a las personas que deseen viajar a dicho país. Asimismo, actuarán en calidad de notario, en la de funcionario de registro civil y en funciones similares y ejercitarán otras de carácter administrativo, siempre que no se opongan a las leyes y reglamentos del Estado receptor.



El autor es Premio Nacional de Didáctica y embajador de carrera.

 

________________________________________________________________________________________________________________________
 << Voltar para Articles