Práctica consular y vocación de servicio

 


 

Por Manuel Morales Lama - 04/09/2011

En la actualidad el servicio consular, como parte del servicio exterior de los Estados, debe tener como objetivo fundamental promover el comercio entre su país y el territorio de su jurisdicción. También le corresponde salvaguardar y promover los intereses del país (acreditante), y sobre todo, tiene la responsabilidad de proteger y asistir debidamente a sus nacionales en la circunscripción respectiva, lo que naturalmente exige una particular vocación de servicio.

 

Téngase presente que el servicio exterior, de conformidad con las correspondientes legislaciones internas, básicamente suele estar constituido por agentes diplomáticos y funcionarios consulares, que si bien actúan convenientemente vinculados, ejercen funciones con características propias que permiten delimitar el área de competencia de cada cual en el campo internacional.

 

En ese contexto, cabe resaltar, que desde 1963, conforme a lo establecido en la Convención (o Convenio) de Viena sobre Relaciones Consulares, en adición a las consabidas labores comerciales y “de protección y asistencia”, a los cónsules se les reconocen formalmente otras funciones, como son actuar en calidad de notario, en la de funcionario de registro civil y en funciones similares, y también ejercitarán otras de carácter administrativo, siempre que no se opongan a las leyes y reglamentos del Estado receptor.

 

Asimismo, los cónsules deben extender pasaportes a los nacionales del Estado que envía y “visados” y documentos adecuados a las personas que deseen viajar a dicho país (“cuando corresponda”). Igualmente, informarán debidamente a sus connacionales residentes en su jurisdicción sobre los alcances del derecho de protección que les asiste, que es una responsabilidad que va conexa a la obligación de mantener actualizado el respectivo “registro de nacionales”.

 

Respecto al servicio consular dominicano, debe recordarse que tal como se ha difundido ampliamente, se han producido importantes avances “técnicos, tecnológicos y de control”, téngase en cuenta asimismo que conforme a las normas y legislación vigente, la República Dominicana es de los países en que los cónsules “ejerciendo institucionalmente”, en adición al respectivo sueldo como tales, reciben una parte significativa de las recaudaciones consulares (“fondos operativos de la oficina”). En consecuencia, determinados cónsules, han percibido (antes más que ahora) ingresos  mensuales superiores a los sueldos (y dotaciones) que se asignan a titulares de embajadas.

 

Esto podría explicar el hecho de que la mayoría de los dominicanos que aspiran, “por razones de naturaleza política”, a formar parte del Servicio Exterior de la Nación, manifiesten su preferencia por el área consular. No obstante, es justo reconocer que ha habido quienes justifican tal predilección en razones “ideológicas”, y hasta “religiosas”, lo que suelen motivar en que las funciones consulares les permiten ejercitar su “vocación de servicio”.

 

En lo concerniente al establecimiento de relaciones consulares entre dos Estados, éste se efectúa por consentimiento mutuo y generalmente es paralelo al establecimiento de relaciones diplomáticas. En cambio, la ruptura de relaciones diplomáticas no determina necesariamente la ruptura de relaciones consulares. Asimismo, mientras los agentes diplomáticos tienen un carácter representativo del propio Estado, los cónsules desarrollan funciones esencialmente administrativas (R. Mendez Silva), que suelen ejercer en una fracción del país receptor (circunscripción consular). Igualmente, en lo concerniente a la aplicación de los privilegios e inmunidades en los funcionarios consulares, se reduce casi exclusivamente al ejercicio de sus funciones (E. Vilariño).

 

Conviene señalar que la función de protección que ha constituido uno de los pilares de la Institución Consular, de acuerdo a los preceptos del Convenio de Viena sobre Relaciones Diplomáticas (1961), es hoy también una de las obligaciones básicas de la misión diplomática. En el mismo contexto, debe recordarse que en determinados países la función de protección ha adquirido una particular importancia en los programas de gobierno de los partidos políticos, lo que suele guardar relación con el establecimiento del sistema de votación en el exterior para sus elecciones nacionales.

Igualmente debido a la actual complejidad e importancia de los asuntos comerciales, las labores consulares comerciales tienden a ser sólo coadyuvantes con las que deben realizar las embajadas, incluso determinadas misiones diplomáticas cuentan con secciones y “técnicos cualificados” (consejeros o agregados) encargados de estas gestiones, que actúan bajo la dirección del jefe de misión.

 

Partiendo de lo precedentemente señalado, autores contemporáneos han considerado que en el futuro serán los diplomáticos quienes ejecuten ambas funciones, tal como está sucediendo en determinados países. Al respecto téngase presente la fundamental importancia que siguen teniendo los consulados ubicados en ciudades distantes de la capital (sede de la misión diplomática), donde residen importantes comunidades de nacionales y a través de cuyos puertos existe un significativo intercambio comercial con el país acreditante del respectivo consulado.

 



El autor es Presidente del Instituto Hispano Luso Americano de Derecho Internacional  y Grande Oficial de la Orden del Merito Consular.

 

________________________________________________________________________________________________________________________
 << Voltar para Articles