En torno a las relaciones diplomáticas

 


 

Por Manuel Morales Lama

Si bien era solamente entre Estados que se establecían relaciones diplomáticas, en los últimos años estos (los Estados) también pueden establecer relaciones, de tal carácter, con otros sujetos de derecho internacional con capacidad para ello, como pueden ser las organizaciones internacionales.

 

Esencialmente, las relaciones diplomáticas se establecen entre Estados soberanos, teniendo como principio el respeto mutuo, la no injerencia en los asuntos internos del país receptor y la mutua cooperación. Previo a ello, se requiere que los Estados involucrados se hayan reconocido mutuamente.

 

Según se sabe, es en años recientes cuando se ha reconocido plenamente a escala global la trascendental importancia de los asuntos internacionales y su esencial incidencia en el ámbito interno de los Estados.

 

Asimismo, como también ha ocurrido en otras naciones, en nuestro país el reconocimiento de la importancia de las cuestiones de carácter internacional ha sido un proceso que ha tomado muchas décadas, pese a que éstas han estado presentes, en forma prominente, en las ejecutorias de los mandatarios desde el inicio de esta nación como Estado soberano. En tal contexto, en lo que respecta a nuestro país, merece recordarse un hecho de incuestionable trascendencia: que la creación de la Secretaría de Relaciones Exteriores tuvo lugar en 1874, o sea 30 años después de proclamada la independencia nacional. No obstante, desde su nacimiento como Estado soberano, la República Dominicana desplegó una intensa actividad diplomática motivada por la apremiante necesidad de obtener el debido reconocimiento como nación libre e independiente. Igualmente, en esos primeros años el país realizó grandes esfuerzos para concluir tratados internacionales (de paz, amistad, comercio y navegación) que le sirvieran de respaldo moral, político y económico, a ese hecho.

 

Es ampliamente conocido que en el transcurso de 133 años de existencia, la Secretaría de Relaciones Exteriores ha tenido altibajos en cuanto a su efectividad en la ejecución de la política exterior. Tal como lo expuso el autor pormenorizadamente en un trabajo anterior, si bien es cierto que durante la denominada Era de Trujillo se concedió una importancia fundamental a las relaciones exteriores del país, como suele ocurrir en gobiernos de semejantes características, hubo sus puntos oscuros, como reflejo del tipo de gobierno que imperó entonces. 

 

No obstante, aún perdura en algunos la añoranza de aquella época, que denominan con increíble jactancia, “la época de oro de la diplomacia dominicana”. Sin duda, consideran que en lo relativo a los requerimientos de eficacia en las acciones y la exigencia de la digna representación, ha pasado por un proceso, que con cierta ironía, han calificado de “democratización”, o bien simplemente se atribuye, en el mismo tono, a una supuesta renovación o innovación, sin mayores explicaciones.

 

En ese sentido sería necesario recordar -al como afirma J. L. Borges-, que el mejor instrumento que les ha sido dado a los seres humanos para renovar o innovar, es la tradición, “no servilmente remedada, sino ramificada y enriquecida” consistentemente.  Convendría recordar, así mismo, que fue en la época ya referida cuando se creó la Escuela Diplomática y Consular de la República Dominicana , que fue la primera en su especie que laboró en América, cuyo “Reglamento de Funcionamiento” se formalizó mediante el Decreto 301 de 1942, pese a haber iniciado este Centro de Estudios su labor docente en 1939. Sin embargo, en esa misma época, esa Escuela fue cerrada abruptamente, años después, por razones que el autor expuso en un trabajo anterior.

 

No obstante, la reapertura formal de esa institución académica, conforme a los requerimientos actuales, fue indudablemente una acertada medida del anterior período de gobierno del presidente Leonel Fernández. Asimismo, se procedió, en el primer gobierno del presidente Fernández, a establecer la obligatoriedad de un entrenamiento con carácter intensivo para todos los designados en el Servicio Exterior (diplomáticos y funcionarios consulares).      

 

Como ha sido reconocido consistentemente a escala global, luego de la Cumbre del Grupo Río la República Dominicana cuenta indudablemente con un mandatario, el Presidente Leonel Fernández, con los vastos conocimientos en el área internacional que requiere esta época, y sobre todo con un ilustre estadista con la formación y experiencia requeridas para enfrentar con imprescindible acierto los desafíos actuales del entorno internacional: riesgos, imposiciones y oportunidades.

 



El Autor es Premio Nacional de Didáctica, Diplomático de Carrera y Actual Embajador en Brasil.

 

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