La participación de la OTAN en Libia fue finalmente por el petróleo.


No tiene mucho sentido evaluar el mundo de hoy bajo el mismo prisma de hace 20 años, cuando terminaba la Guerra Fría. Ni siquiera por el hecho de que hace apenas 10 años Estados Unidos lanzó dos guerras de agresión contra Afganistán e Irán.

 

La “cara limpia” norteamericana, resultado de haber elegido como presidente a un negro con nombre árabe, correspondió a un necesario cambio de táctica, pues Estados Unidos no podía darse el lujo de mantener el mismo esquema de dominación.

 

En cierta forma, el método tradicional fue finalmente agotado por el gobierno Bush/Cheney.

 

La estrategia, sin embargo, sigue siendo la misma. No solamente en lo que respecta a Estados Unidos sino al conjunto de viejas potencias coloniales (o neocoloniales), particularmente Francia e Inglaterra.

 

Que esas grandes potencias ataquen militarmente a terceros países por “razones humanitarias” resulta muy difícil de creer, pero obviamente que es preferible a hacerlo simplemente para conseguir territorios o buenos negocios.

 

Lo de territorios en nuestros días no es muy popular, ni siquiera entre los países con vocación o tradición en esos menesteres. Pero lo que sí mantiene su actualidad es el asunto de los negocios. Si tomamos el caso de Libia es tan así que ya los jefes de la rebelión contra Gadafi, y en principio los futuros gobernantes de ese país, comenzaron a repartir nuevos contratos con los consorcios petroleros occidentales, especialmente italianos, franceses y británicos.

 

Se ha dicho y escrito que el petróleo no podía ser un aliciente para las potencias de la OTAN que barrieron con Gadafi, puesto que ya lo tenían y eso es cierto. Pero si hay cambio de gobierno, hay cambio de contrato, pues no se trata de Suecia o Dinamarca, sino de Libia.

 

Y en eso es que no han perdido tiempo las potencias de la OTAN que ya tenían una importante presencia económica en Libia cuando gobernaba el ex amigo Gadafi.

 

Este fin de semana un grupo de países, la OTAN y otros, incluida Rusia y China, se reunieron en París para discutir el futuro de Libia.

 

La reunión, llamada por el Wall Street Journal de los “amigos de Libia”, por poco comienza como la “fiesta de los monos”, es decir, “a rabazos limpios” porque los franceses, anfitriones de la reunión, “se pararon en dos patas” y exigieron ser los primeros beneficiarios de los contratos, porque fueron los primeros en bombardear la capital libia.

 

Por su parte, chinos y rusos, que no participaron en ese pleito, pero que al igual que los demás les importa un comino lo que pase con los libios, para oponerse a la OTAN, que tiene prioridad en la repartidera, insisten es que la ONU la que debe ocuparse del pos Gadafi.

 

Así es como mucha gente ha comenzado a quererse repartir Libia lo antes posible, no vaya a ser que las cosas se compliquen después porque persiste cierta incertidumbre acerca de quiénes serán realmente los que se quedarán al frente de la nueva Libia, ya que allí hay de todo y por el momento es unánime el agradecimiento a la OTAN y en particular a cuatro países de esa alianza, que son precisamente los que mayores ventajas podrán sacar.

 

Hay otro aspecto que va más allá de lo que ocurrió en Libia y es el futuro de la OTAN, ya no restringida su acción al original “Atlántico norte” que le dio su nombre.

 

Diplomáticos del “primer mundo” y editorialistas de sus principales medios destacan que el papel de la OTAN hace rato que trascendió sus fronteras primeras y ahora tiene una responsabilidad de nuevo tipo: intervenir militarmente en aquellos países en los cuales se considera que sus gobiernos o no protegen debidamente a sus ciudadanos o atacan a sus poblaciones, como ocurrió en Libia y como ocurre actualmente en Siria.

 

En esas circunstancias, ¿Hasta dónde podrá el Consejo de Seguridad dar el aval necesario a las operaciones militares de la OTAN?

 

En la medida en que las potencias occidentales con derecho a veto dentro del Consejo de Seguridad supieron hábilmente manejar a todo el grupo para que aprobaran su acción contra Libia, en esa misma medida les será difícil de ahora en adelante evitar que Rusia o China interpongan su veto.

 

No le quedará así a la OTAN otra salida que pasarle por encima al Consejo de Seguridad y actuar por su cuenta como ya lo hicieron en los Balcanes, Afganistán, Irak y ahora en Libia. Será entonces la entronización de la muy denostada “doctrina Bush”.

 

Francia parece muy interesada en ese expediente, pero se ignora si una vez pasadas las próximas elecciones presidenciales, al presidente Sarkozy le quede todavía mucho entusiasmo para seguir embarcando a su país en costosas acciones militares.

 

En Libia existió siempre la certeza de que, a la corta o a la larga, no solamente se recuperaría lo invertido, sino que habría ganancias económicas adicionales. Por lo demás, los jefes de la revuelta en todo momento dejaron claro que “se pagaría con creces” el esfuerzo económico de la OTAN (o pagan los libios o paga Qatar).

 

Ese novedoso ingrediente es el que convierte a la organización militar occidental en prácticamente una nueva legión de mercenarios que actúa motivada por el dinero.

 

Y como en Siria no hay tal aliciente, es decir no hay quien pague (a lo mejor aparece algún mecenas), aunque no hubiese la amenaza de un veto, la OTAN no intervendría.

 

Se supone que en Libia los países que derrocaron a Gadafi deberían tener ciertos derechos a la hora de las decisiones sobre el futuro de ese país.

 

Por el momento, la idea occidental de enviar “cascos azules” de la ONU (posiblemente contingentes de la OTAN y de Qatar), ha sido rechazada de plano por los nuevos dirigentes, deseosos de saldar sus cuentas rápidamente con los extranjeros que les ayudaron.

 

De esa misma manera, han dicho que no extraditarán al terrorista de Gadafi que voló el avión de PANAM en Escocia, sobre la irrebatible base de que a una persona no se le debe juzgar dos veces por el mismo delito.

 

Las presiones y hasta amenazas lloverán ya que, de todas maneras, reina y reinará la desconfianza tanto entre los propios dirigentes de la nueva Libia, como de la OTAN hacia todos los que dirigen ese proceso. En ningún momento pueden olvidar que en los grupos terroristas el número de libios miembros de esos grupos es proporcionalmente el mayor.


Fuentes: Foreign Affairs, Boletín de Noticias de la ONU, The Daily Beast, Foreign Policy Wall Street Journal, Big News Network, NY Times, BBC, The Guardian, The Independent, Open Democracy, Le Temps (Suiza), ABC (España), Le Monde Diplomatique







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