Haití sigue sin gobierno y la gente comienza a pensar en Aristide.


Como si no fuera suficiente que Michel Martelly, presidente haitiano, ganara las elecciones presidenciales con la participación de solamente un 23% del electorado, todavía este fin de semana Haití seguía con un gobierno a medias pues no ha sido posible encontrar un Primer ministro aceptable para el Congreso.


A tal punto ha llegado el impasse que finalmente todas las partes involucradas parecen aceptar a uno “de los hombres de Clinton” para ocupar la posición. De esa manera se reconfirma la importancia que tiene el ex presidente norteamericano para el proceso de recuperación de Haití.
Una salida de ese tipo facilita el proceso para todo el mundo y, muy particularmente, para la inmensa tarea de rehabilitar a un país destruido por los desastres naturales y la debilidad de sus instituciones.


Además, Clinton “saca las castañas del fuego” a su esposa, la Secretaria de Estado a quien se señala como responsable principal de que Martelly, el favorito de administración norteamericana, finalmente “ganara” unas cuestionadas elecciones porque según parece, allí todo el mundo trató de hacer fraude.


Una salida institucional es urgente para no perder los fondos especializados por la comunidad de donantes. Ya están garantizados esos fondos, pero soltarlos es otra cosa y eso depende mucho del nivel de confianza que se le tenga al gobierno haitiano.


Martelly solo, habiendo demostrado hasta ahora determinados niveles de ineficiencia, no puede contar con esos fondos, a menos que no se dote de un Primer ministro fiable.

 

Entre los políticos, el ex premier Jean-Max Bellerive era una buena opción, como lo sería la Sra. Pierre Louis, que ya ocupó la posición.


Por el momento, sin embargo, los votos se lo lleva Gary Conille (el de Clinton), funcionario de la ONU en África y como suele ocurrir con los funcionarios de la organización internacional, de aceptación general.


En este escenario sin embargo, comienza a surgir un elemento, que sin ser propiamente nuevo, no formaba parte de la agenda franco-americana para Haití y es Jean Bertrand Aristide.
Su fuerza en el trasfondo político quedó evidenciada con el rápido rechazo de uno de los candidatos de Martelly para Primer ministro, el ex ministro de Justicia Bernard Gousse, quien jugó un papel notable en la represión de la gente de Aristide cuando éste fue removido por la fuerza del poder.


El ex presidente en principio está alejado de las actividades políticas y hasta el momento ha mantenido un bajo perfil, pero el hecho de que los congresistas hayan rechazado una persona que le fue tan contraria no deja de ser indicio de que estos piensan que Aristide no puede ser descartado como futura opción de poder.


Aristide, como buen político, debe haber aprendido su lección que en el caso de un país tan ocupado como es Haití, consiste esencialmente en negociar con todos los actores, incluyendo a Estados Unidos y Francia.


Por muy revolucionario que le crean algunos de sus defensores, especialmente en el extranjero (ya se sabe, todo el que es víctima de alguna gran potencia occidental pasa automáticamente a la categoría de “revolucionario”).


Aristide es un hombre del poder y probablemente acepta que su eventual vuelta al poder, por mucho respaldo popular que tenga, tendrá que ser negociada con las potencias ocupantes.
Con esa variable no se pensaba y es posible que haya quien pensó que Jean Claude Duvalier y Aristide eran ambos cosas del pasado y carentes de peligrosidad.


Duvalier fue el heredero de un poder que se cimentó sobre la base de abusos y crímenes de todo tipo. Aristide no heredó nada, lo consiguió a base de su carisma y su esfuerzo.


Es una referencia obligada porque a él no lo sacó del poder una revuelta popular como al hijo de Papa Doc, sino, la fuerza de poderes extranjeros y eso cuenta muchísimo en la imaginería popular.


Por el momento Martelly es el presidente y es válido pensar que en fin de cuentas para un futuro proyecto de Aristide era preferible que Haití estuviera en manos de un artista sin experiencia política que de alguien con una estructura y una historia de manejo de la estructura del poder.


A la República Dominicana siempre convendrá lo que mejor conviene a los haitianos, a condición de que quien gobierne el vecino país cree las condiciones mínimas que estimule el apego a su país y no el recurso último de tener que emigrar a otros lugares.


Fuentes: Council of Hemispheric Affairs, Los Angeles Times, Nuevo Herald, Al Jazeera, The Economist, El Diario/La Prensa







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